lunes, 11 de abril de 2011

Misterio y noche

Fuiste para mí un misterio aun antes de conocerte. Hasta que te vi, como una noche oscura y brillante de luna llena. Cuando hablabas repetías textualmente palabras que mi corazón atesoraba sin haberlas dicho nunca. Tu presencia fue un terremoto que hizo temblar todo mi mundo, y tambalearon mis más profundas certezas. Tu misterio se volvió mi misterio, trajiste una noche desconocida a mi vida conocida.

No lo sabías, o tal vez sí, pero te alimentaste de mi energía hasta dejarme exhausta, te metiste en mi laberinto sin salir de tu laberinto, y así me transformaste. Tu magia no me tocaba y aún así me doblegaba, eras la noche, eras la luna y hasta en algún momento también sentí que eras yo. Me vi reflejada en vos y a la vez estábamos tan lejos...

Hubo un pacto que nadie escribió, una promesa que nadie hizo, un choque que también fue un encuentro. Y muy en el fondo, detrás de la noche, de la luz y del silencio sentí mi miedo encontrarse con tu miedo, y no se reconocieron. Quise abrazarte, quise despedirte con un beso, quise dormir abrazada a vos, quise sentir tu pelo entre mis dedos y recorrer tu belleza perfecta.

Pero el tiempo es irremediable, tu presente era mi pasado y tu pasado mi presente. No pude tocarte a vos, sólo a la imagen que me mostró el espejo. Pero vi tu reflejo porque también era el mío. Te llevaste una parte de mí, la arrancaste de mi corazón como si nada, y me dejaste sola con tu noche y tu misterio para que la haga crecer y florecer una vez más.

viernes, 1 de abril de 2011

Oración a la Reina de Copas

Madre espiritual, amor infinito,
sabiduría de los sentimientos.
Señora de la serenidad y la paciencia,
eterno amor fluyendo,
conexión inmaterial.
Reina de la espernza, de la paz y la dicha,
siempre generosa,
siempre  en armonía.
Emperatriz de la intuición,
Sacerdotisa de las emociones,
enséñame tu magia,
lléname de tu agua de vida,
sacia la sed de mis temores,
guíame hacia Tí...

jueves, 31 de marzo de 2011

Abrir la mente

Abrir la mente es saber que de todo lo que vemos y hacemos podemos aprender algo. Es estar listo para recibir lo nuevo, lo inesperado, lo desconocido. Es entender que nunca sabemos tanto como creemos que sabemos. Es estar dispuesto a aprender de todas las personas con las que nos cruzamos en la vida, como si nos fueran enviadas con ese propósito. Es tener en cuenta que las opciones son siempre más de las que se nos ocurren.

Abrir la mente es estar siempre atento, siempre consciente de que la rutina hace bajar la guardia, no quedarse nunca con una única explicación a lo que pasa, no dejar nunca de preguntarse: ¿por qué? Es estar ávido de conocimiento nuevo, es querer cavar más y más profundo dentro de la propia mente. Es no rechazar nunca un pensamiento sin ver a dónde lleva, no negarse a nada sin antes considerarlo aunque sea un momento. Es estar siempre en la búsqueda del por qué del por qué.

Abrir la mente es valorar lo inusual por encima de lo usual. Es buscar siempre nuevas maneras de hacer las cosas, de pensar, de interpretar, de ver el mundo. Es tener presente que nuestra mente limitada no abarcará nunca el Universo infinito. Abrir la mente es renunciar a la soberbia del yo, es reverenciar la vida y no dejar nunca de explorarla y disfrutarla. Es sentir la atracción por el opuesto, mayor cuanto más distinto es el otro de uno mismo. 

Abrir la mente es saber que estamos en camino, que no hay meta a la cual llegar, ni motivo para dejar de avanzar...

lunes, 28 de marzo de 2011

Los personajes internos

En un principio el mundo estaba todo oscuro, y en él había un lobo. El lobo estaba muerto de hambre y de sed, jamás dormía, corría de un lado a otro como una bestia furiosa, pero a donde iba sólo encontraba oscuridad, rocas y paredes. En algún momento, aunque su desesperación casi no le permitiía percibir nada, se dio cuenta de que estaba encerrado en una cueva. Tras mucho recorrer la oscuridad sin forma, encontró a la bruja.

La bruja también estaba encerrada y hambrienta, pero no estaba cegada por ello. Ansiaba salir de su prisión, pero sabía leer las historias en las rocas, y dejar en ellas su magia. Así iba aprendiendo y recorriendo lentamente aquella cueva, confiando en encontrar alguna vez una salida, aunque desconocía lo que existía afuera. La bruja trajo algo de paz al lobo, y sabiendo que por sí mismo no encontraría una salida sino que más bien la retrasaría, con un encantamiento lo hizo dormir. Pero también aprendió de él, se alimentó de su energía, y cuando estaba inquieto y parecía dispuesto a despertarse, sabía aprovechar también el impulso de su ira animal.

Así la bruja fue encontrando indicios del mundo exterior, en sitios donde había una ligerísima brisa o una mengua imperceptible en la oscuridad. Así llegó hasta un sitio donde sólo una delgada pared de roca la separaba de la libertad. Golpeó las rocas, las arañó y las arrancó hasta que le sangraron las manos, hasta caer exhausta el piso suplicando en un idioma que no concia, sintiendo que la luz que había del otro lado la llamaba con una urgencia irresistible.

Entonces se resquebrajaron las rocas, y cayó en pedazos no sólo aquella delgada pared sino la cueva entera, y la bruja pudo ver el cielo, el sol, sentir el aire fresco y el perfume de las flores. Y vio que detrás de esa pared se hallaba un Ser hermoso, lleno de luz y de magia, cuya sola visión era alimento y bebida.  El Ser Divino se acercó a la bruja, y con sólo tocarla con Su mano la hechicera quedó hechizada. Casi sin prestarle atención, el Ser se dirigió a donde se hallaba el lobo, le acarició la cabeza y le dio un nombre pronunciándolo en voz alta. Pero cuando el lobo despertó, ya no era lobo.

miércoles, 26 de enero de 2011

Los demonios del mar

Estoy enamorada del mar.

Ese mundo inmenso, infinito, de diamantes líquidos que resplandecen con el sol, ese agua capaz de limpiar el alma y hogar de miles de criaturas inimaginables. El mar es una mezcla de vida y sueño, el mar es un dios vivo, transparente, inmutable, danzante. El mar tiene una energía más profunda que cualquier ser humano; incluso en la más encrespada tormenta, el mar es paz.

El mar tiene sus demonios, seres casi siempre invisibles, aunque algunos dicen haberlos visto bajo la luz de la luna. Son seres misteriosos, amigos de las olas y de la arena, como un millón de espíritus del mar que viven en él y son parte de él. Los demonios del mar hacen rodar las conchas vacías de los caracoles entre las olas para leer la suerte del mundo, y visten con túnicas de plata y espuma a quienes se adentran en sus dominios. A veces se escuchan sus risas en el viento, y otras veces se deslizan con pisadas silenciosas en las playas. Sus huellas no se ven porque caminan tras los pasos de las personas.

En los pueblos del mar, las viejas dicen: "hay que cuidarse de los demonios del mar."

Los demonios del mar son peligrosos, conocen miles de trucos e ilusiones para meterse en el corazón de las personas, pueden leerlo y atraparlo, pueden invadir sus deseos. Pueden hacer que una persona se quede  absorta en la playa, contemplando el horizonte hasta llenarse los ojos de mar. Pueden llenar de magia las piedras y los dibujos de la arena para que los caminantes distraídos encuentren las puertas a otros mundos. Algunos las encuentran y no vuelven, otros las pasan de largo sin saberlo jamás.

Pero por sobre todas las cosas, los demonios del mar aman la vida. Alimentan a las aves de la playa y guían a los peces que se pierden en el océano. Se mezclan con la risa de las personas para susurrarles sus secretos en el viento, algunos hasta llevan de la mano a quienes necesitan consuelo. Pero aquellos que fueron tocados por los demonios del mar jamás lo olvidan, aun cuando nunca lo sepan. Muchos se llevan un demonio del mar enredado en sus corazones, y entonces ya no pueden vivir sin volver a contemplar las olas y la enorme extensión azul que une el cielo con la arena, sin volver a leer las canciones que el mar deja en la playa cuando se retira.


Los demonios del mar enamoran a los corazones que habitan.


No hay que cuidarse de los demonios del mar.